Pelota en la Red

Después de ver el partidazo entre Alemania e Italia, creo que me merezco, para mi débil memoria ir registrando mi vida, mi vida, que desde los cinco años, va acompañada de una pelota, la que a veces fue un envase de yoghurt o a veces fue la de marca que usan en el campeonato. Para quienes sienten el fútbol va este blog con mis memorias peloteras.

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Location: Lo Espejo, Santiago, Chile

Saturday, August 26, 2006

¿La de Cuero?


Actualmente está de moda, decirle al balón o la pelota, “la de cuero”, suena poético, pero por lo menos mis recuerdos futboleros no siempre fueron en ese material. La mayoría de las veces, mis pichangas colegiales fueron con una pelota que está en vías de extinción y que vendían en los kioscos y costaban 100 pesos, eran unas de distintos colores, que a veces tenían el escudo de Colo-Colo o Universidad de Chile, pero generalmente su diseño era con los continentes como representando un globo terráqueo. No era fácil jugar con ellas, porque eran medias “lobas” a veces uno quería pegarle al ángulo, pero ella, la caprichosa salía en dirección al lateral, para un óptimo rendimiento lo que hacíamos era pincharla, así era más dominable. Es más, pienso que todo futbolero que se precie de tal, tiene que haber “chuteado” una de esas, sino, es un simple aparecido, porque esos balones de plástico eran sinónimo de “barrio”. Recuerdo una vez, a una compañera que quería conquistar ya estando en segundo medio y que le gustaba el fútbol, le dije haré un golazo para dedicárselo, me costó un montón sacarme a medio equipo con una de esas pelotas, más aún, que nunca fui muy agraciado técnicamente, y cuando voy a su lado a decirle si vio el golazo, simplemente me dijo no, estaba mirando para otro lado.
Después salieron unas más modernas que esas de 100 pesos y eran unas de goma, inflables, que generalmente pasaban ofreciendo por las casas a cambio de zapatos, aunque esa en la variedad de balones que usamos, casi nunca fue de nuestro agrado.
Pero no sólo de esas se ve obligado a patear un niño que se inicia en esta secta liderada por el Dios gol y que como grado iniciático tiene el de pasar por etapas como la jugar la pichanga con un envase de yogurt sacado del basurero que a veces sirve de vertical para formar el arco, ahí ya era difícil lucirse, ahí no importaba ni técnica ni nada, sólo patear el envase hasta lograr hacer un gol, cosa que podía no suceder a lo largo de todo un recreo. Ahora, había un inconveniente, y es que a veces el balón de turno, no había sido bien terminado por su ex consumidor, y los restos del brebaje dejaban los zapatos recubiertos de una capa viscosa amarilla o morada, dependiendo si el yogurt era de vainilla o mora.
Pero había otra especie de pelota, que eran aportadas por las mamás al mandarnos con nuestra colación, que eran las naranjas o las manzanas, las que no eran muy buenas para los efectos de anotar un gol, ya que a veces en medio del partido y sin previo aviso, la manzana se partía de tanto ser pateada en dos o más partes. Ahora no hay que dejar de lado, la nunca y bien ponderada “pelota de trapo” la que unos calcetines viejos y unas medias de la abuelita, quedaban fabulosas, una hecha con amor maternal, bien cocida y con harto trapo por dentro podía quedar excelente, de hecho hasta les poníamos nombres de las renombradas de cuero, como la “Etrusco” o la “Tango”.
Ahora a veces cuando el ingenio y el ocio en las clases de matemáticas abundaban, empezábamos con hojas donadas de los cuadernos a pegar una con otra en forma de bola cinta adhesiva y hacíamos unas buenas pelotas, aunque a veces quedaban muy duras.
Esos tiempos, que no son muy lejanos por si acaso, son los que valían. En épocas de economía mala donde los padres no podían darse el lujo de comprar una pelota de cuero, y eso obligaba que los del “barrio” nos ingeniáramos para tenerla. Esos años, en que, al que le regalaban la de cuero, pasaba a ser casi el líder de la secta y tenía el poder de elegir equipo y decidir la duración del partido y poco menos que él nos llevaba en procesión por la Villa buscando cual de nuestras canchas (peladeros) usaríamos en esa ocasión. Hay que reconocer, la de cuero tiene algo, si la Secta Fútbol tiene al Dios Gol y a miles de feligreses que llenan sus catedrales domingo a domingo, tenemos que saber apreciar que la pelota es el Rosario, al que encomendamos alegrías, frustraciones, rabia e ilusiones.

Thursday, August 03, 2006

Una paliza fuera de la cancha


En la villa Los Presidentes hubo una época de gloria para el baby fútbol, desde que se inauguró la multicancha frente a mi departamento, hasta que ésta fue usada con fines inmobiliarios (se construyó el Hyatt de la villa). Tuve la suerte de vivir mi infancia teniendo la aslfatada a pasos de mi pieza. Los fines de semana eran de entrenamiento matinal con los dos profes que teníamos, los cuales nos motivaban a dejar la tele y “chutear” la redonda. La rutina comenzaba con cargar los arcos desde la sede hasta el campo de juego. De ahí, venía instalar las redes y luego la parte física, para finalmente tener el premio máximo: jugar. A veces, había trabajo extra, que era barrer la cancha, cosa que sucedía cuando estaba llena de polvo, o con pozas de agua. En ambos casos los cabros del barrio con escoba en mano (sacada a escondidas de nuestras madres) dejábamos a nuestra rectangular en perfectas condiciones.
Cuando se daba la oportunidad jugábamos amistosos contra “Don Mario” que era el profe de nuestros vecinos de la villa Los Alerces. Aunque huelga decirlo, muchas veces preferíamos irnos a probar donde “Don Mario”, ya que eran mejores que nosotros, tenían series y el detalle que finalmente nos seducía: poseía camisetas para sus pupilos, mientras que nosotros no.
Una voz pastosa, gastada por los años, una boina café y un aspecto similar al de Java (el monstruo de la Guerra de las Galaxias) eran las características principales de “Don Mario”, profe que había llevado a varios de sus pupilos a “Canillitas” o a la escuela de Magallanes (detrás del Nacional), pero nada de eso era la principal motivación de jugar por él, sino que vestir una de las tantas hilachentas camisetas de satín celeste. Probarse para quedar en el equipo era gratis, pero usar una de ellas costaba 200 pesos, monedas que generalmente se conseguían después de un berrinche y de no hablarle unas horas a mi mamá “Chela”.
Un día “X” me probé y quedé, ya que por suerte me desempeñé bien ese día como puntero, lo que implicó que fuera citado a la semana siguiente para un amistoso contra un rival que no recuerdo.
Se demoró en pasar esa semana, hasta que llegó el día “D” en mi incipiente carrera donde “Don Mario”. Le aviso a mi mamá “Chela” que iba a jugar a la pelota, aunque omití detalles como el que llegaría al oscurecer, que tenía que cruzar la calle rumbo a “Los Alerces” (¡cruzar la calle! Totalmente vetado a mis 10 años). En el amistoso me desempeñé bien, lo que me hizo volver contento a anunciar mi gesta deportiva, pero… faltando un par de cuadras para llegar al departamento diviso a lo lejos a mi papá y a mi mamá, lo que me anunciaba que algo no andaba bien, ya que yo no vivía con ellos y no sabía de la existencia de algo que hiciera que ellos estuvieran juntos por unos minutos. Cuando ya estaba a un par de pasos de ellos se me aclaró el cuento, porque ví a mi padre con la correa en la mano. Resulta que todas las omisiones asustaron a mi mamá “Chela” que se ha aterró al no verme en la villa y ya casi de noche, así que avisó a mis progenitores, los que no me dijeron nada, hasta estar dentro de las cuatro paredes, donde se turnaron para darme unos palmazos que me hicieron llorar como Magdalena, aunque sé que les dolieron más a ellos que a mi, porque fue la única vez que me pegaron. Pero faltaba lo peor: me prohibieron volver a ir donde “Don Mario”, no saqué nada con explicarles, me cortaron las piernas y la posibilidad de volver a usar esa camiseta de satín celeste que me llevaría a “Canillitas”, de ahí Colo-Colo y de ahí a ser futbolista (esos eran mis cálculos de niño), nada de eso conseguí por no especificar detalles en la casa, sin duda que fue mi primera paliza fuera de la cancha.

Tuesday, July 25, 2006

Los Campeonatos de la U


Con la llegada a la Universidad, también llegan nuevas amistades, o compañeros, y generalmente en el caso de los hombres, las primeras conversaciones van relacionadas con las minas que se tiene de compañeras y del fútbol. Una de las primeras actividades que generalmente concita la atención de los mechones son los campeonatos internos de baby. No recuerdo fecha, pero era como abril de 2000 y los hombres del curso ya teníamos al equipo de primero de Periodismo listo para debutar. ¿El nombre del equipo? Drink Team. El partido inaugural era ante un equipo de Antropología, según datos que nos dieron, eran de los mejorcitos. Llegó la hora del partido, hora y día que había olvidado y por ende andaba sin equipo, lo que no fue problema ya que el Nacho andaba con una camiseta de más de la Universidad de Chile y convencimos al profe (el organizador) que me dejara jugar con zapatos de vestir y pantalón. Costó ponerse la azul, pero había que aperrar, como lo hice en todo el partido, el que huelga decir fue un partidazo, perdíamos 2 a 1, goles sin responsabilidad de mi parte y al rival no le podíamos hacer el empate, sin duda influía que el arquero jugará con muletas, ya que a mis compañeros les daba miedo marcarlo o cabecear los centros que el sálía a cortar con los elementos que lo mantenían en pie, de hecho en el futuro pasó a ser "El asesino de las muletas", al final el partido lo empatamos, comenzamos bien ante uno de los poderosos y yo, que me revolqué como chancho en barro, terminé siendo felicitado por mis coequipos y por los rivales. Después de dos juegos más, clasificamos a segunda ronda, pero hasta ahí no más llegamos, ya que enfrentamos a la entonces mítica "Garrafa Mecánica" el equipo invencible de la U, y que cuando estaba complicado el triunfo, era ayudado por el profe y los arbitros. Fuimos goleados y me hicieron goles hasta por debajo de la lengua, ahí sufrí una de mis peores humillaciones peloteras, ya que aunque nos hacían un gol tras otro, yo seguía poniendo las mismas ganas que si fuéramos uno a uno, no así mis compañeros, por lo que me llegaban con facilidad al arco y en desventaja para mi, pero yo, le seguía poniendo pino y en eso los tontones agrandados dicen: "mira el loco se cree los supercampeones".
El 2001 se tuvo la mala ocurrencia de hacer dos equipos, uno con los buenos y otro con los malos, esto, porque el curso había crecido y éramos muchos para jugar en un sólo equipo, ante la inminente noticia de que formaría parte del segundo grupo, me marginé sólo, aduciendo no estar de acuerdo con dividir al curso, y de paso, así me ahorraba el ser humillado siendo mandado con los malos.
El 2002 comenzó con cambio de nombre, en honor a nuestro profe gurú, pasamos a ser la "Fé Gumuciana", gran error, en el primer semestre dimos lástima. Vino en segunda mitad del año una reestructuración y con ello un nuevo nombre, puesto por Paillán: "Marrichiweu" que en español es "Diez veces venceremos" y así fue, tuvimos una campaña descollante, aunque huelga decirlo, yo me mantenía alejado del equipo, aunque la oferta de jugar la final, ya que el arquero nuestro jugaría por el otro equipo finalista (era de ellos, para nosotros parchaba) era muy tentadora, tanto, que la acepté. El camarín desbordaba de confianza, ya que los rivales, en su mayoría eran de periodismo también, pero no tenían buen nivel y sólo habían alcanzado la instancia desiciva a punta de que los rivales no se presentaban y que en semis definieron por penales ante el "Asesino de las Muletas". En la final, ganamos 5-4, si bien no jugué un gran partido, ya que mi sobrepeso a esas alturas comenzaba a ponerme más lento, tuve un par de atajadas que pudieron ser el 5-5 ó 5-6 en contra, como por ejemplo un cabezaso potente que saque con una sola mano. La celebración fue buena, con la copa llena de cerveza en el "Terremoto a 500", mientras que en local del lado pasaban sus penas los perdedores. Al final terminanos todos en la misma mesa analizando el cotejo.
El ser campeones nos sirvió para clasificar a la Copa Bolivariana, donde jugaban otras casas de estudio, jugué un sólo partido y conseguimos finalmente el tercer lugar, esfuerzo que casi no valió la pena, ya que la copa que recibimos, más parecía un cenicero.
En el 2003, decidimos que Marrichiweu había dado buena suerte, así que afrontamos con la mística mapuche el campeonato el campeonato apertura. Y si que dio buenos resultados, ya que avanzamos hasta la final, esperábamos rival y veíamos el encuentro del cual saldría, era entre un equipo de Antropología y Derecho, pero de repente, sin decir agua va, se desató una batalla campal con patadas voladoras incluídas. Este hecho motivó que el profe tuviera que expulsar a ambos cuadros de la competencia, saliendo nosotros campeones por secretaría, igual terminamos celebrando en el mismo local en que lo hicimos cuando vencimos el año anterior.
En el segundo semestre nuevamente se llegó a la final, ahí jugué solamente el partido inaugural, en el que vencimos fácilmente, ya que el arquero rival era muy malo, de hecho por primera y única vez jugué de delantero, marncando dos goles. En la final, ante uno de los equipos del profe, nos saquearon, y perdimos 3 a 1. Yo en ese partido no estaba tan preocupado del resultado, aunque igual fuí a agarrar mi medalla plateada que para mi era un orgullo, no así como mis compañeros que algunos ni la quisieron, pero como dije, no estaba tan preocupado de eso ya que ese día me llegaba un evío de dinero de mi padre desde Estados Unidos. Como ven, hasta en eso he tenido experiencias de futbolistas profesionales, ganado partidos sin jugar, por necesidades técnicas jugar en posiciones que no son la mía, y una vez que he ganado un par de campeonatos, dar prioridad al dinero en vez de la redondita de cuero.

Sunday, July 16, 2006

¡Yo soy el Cóndor Rojas!


En mis noches hay un sueño repetitivo, siempre jugando fútbol. A veces como seleccionado nacional, otras con mis compañeros de básica, pero casi siempre ubicado en la misma posición: de arquero. Debo contar que bajo los tres palos mi inconsciente es imbatible, atajo y atajo y nunca me hacen goles.
Como todo niño y después adolescente, el placer que va ligado a la de cuero es hace goles, no evitarlos, pero mi carrera de cuasi futbolista amateur siempre ha estado asociada a los achiques y la voladas.
En este puesto en el amateurismo hay que tener dos características: reflejos y valentía, valentía que raya en la locura al revolcarse no en el césped como hacen los profesionales, sino en el maicillo, cemento o tierra con brotes de piedras o de vidrio como son las canchas de la pobla.
Creo justo buscar un culpable de esta afición por atajar y el responsable se remenonta a mis siete u ocho años... ¡Yo soy el Cóndor Rojas! era el grito que salía de mi infante voz en la multicancha frente a mi departamento en Los Presidentes. Otros perferían ser Maradona, Gullit, Van Basten, yo no, yo emulaba las tapadas del meta de paso por Aviación y Colo-Colo entre otros.
Un 3 de septiembre de 1989 ataje tan bien como mi ídolo, ese día jugaba Chile con Brasil en el Maracaná. Había que ganar para ir al mundial de Italia 90, no entendía por qué, pero había que ganar. No recuerdo mucho del partido, sólo flashes de que cae una bengala, que Rojas estaba ensangrentado y que Chile se retiró (lástima no recordar del momento el gesto inequívoco de Pato Yáñez). En la tele mostraban por la noche como apedreaban la embajada brasilera. Tenía miedo, el arquero que emulaba estaba herido por una bengala ¿se moriría? se preguntaba mi mente inocente, pero con más pavor, mis pensamientos eran en que si habría una guerra.
Por cierto que no la hubo y yo seguí siendo el Cóndor Rojas, hasta que un día se supo que todo era una farsa, que se había cortado con un bisturí. Fue un golpe fuerte para mi orgullo, que ya en mis 8 años era grande. Lo castigaron, no podría jugar nunca más en su vida. Quería llorar, pero me repuse y en las pichangas seguí siendo Roberto Rojas, salvo que de ahí en adelante, en medio del juego mne tiraba al suelo y me refregaba con mi mano la frente, imitando lo que hizo él en el Maracana. Un día, sin darme cuenta y sin premeditarlo al momento de elegir quien era cada uno (rutina previa a cada partido) grité ¡Yo soy Preud Homme! Pasé a ser así, el meta belga, pero ahora en la actualidad sé que las voladas que hago en mis sueños a ángulos imposibles, donde mi brazo parece crecer en pos de evitar que la redonda toque la red, se debe a un hombre, ya que si bien un día fui Preud Homme, Morón, el "Rambo" Ramírez, o hasta Rabajda y ahora sería Buffon, mi inconsciente sigue gritando...¡Yo soy el Cóndor Rojas!

Wednesday, July 12, 2006

Campioni di Mondo


¿Champion du Monde? o ¿Campioni di mondo? esa era la duda con que me levanté el dìa dela final de la Copa del Mundo Alemania 2006.
Como hincha, la postal perfecta para la tarde dominical samtiaguina, era con Zinedine Zidane alzando el trofeo y yo siendo testigo preferencial de esa hazaña, desde mi sillón a menos de dos metros del televisor. Así había sido en Italia 90, Estados Unidos 94, Francia 98, Japòn y Korea 2002 y así debía ser ahora y faltando una hora para el crucial encuentro así era. Ya me había deshecho de todo compromiso y me preparaba a almorzar antes, para ver a los azurris y le bleus "tranquilito", pero... suena ese celular que debí apagar en la mañana... ¿Páez te puedes ir al Stadio Italiano, para que hagas notas desde allá? segunda vez en el mes de radio que odio la voz del productor, antes, cuando se olvidó llamarme para que despachara y me pidió disculpas.
Según mis cálculos, desde Lo Espejo hasta Las Condes, me perdería los 12 minutos del primer tiempo, en todo caso ¿qué iba a pasar? si los primeros 20 minutos son de estudio ¡Error! cuando voy a la altura de Escuela Militar, Elizondo cobra penal para Francia ¡argentino traidor! quizá era el gol del campeonato. Zindane frente al balón, dicen en la Cooperativa, pasan los segundos... y Hanz Marwitczs grita ¡goooooool! y mi puño cerrado en la micro, era testigo de que mi postal perfecta todavía podía ser.
Ya instalado en un salón del segundo piso del Stadio Italiano, el principio me parecía más a bingo familiar que a la final del mundial. Mucha viejita cuica, mucha adolescente rubia esperando a cumplir unos años más, para pedir a su mamá que le regale unas pechugas nuevas, todos comiendo... pero, de fútbol, nada, buena igual era obvio, iba ganando Francia.
pero en el minuto 19 Materazzi se anticipa a la defensa gala y con un certero cabezaso clava la igualdad. Estallan los 600 hinchas del salón, las nonas se suben a las sillas y las ragazzas abrazaban a medio mundo, hasta yo agarré por ahí unos abrazos por el hombro. El grito casi mantra de ¡Italia! ¡Italia! algo provoca en mi.
El entretiempo fue al ritmo de la tarantella y de "Un italiano vero" de Toto Cotugno que era seguido de las banderas "tricolori". Poco a poco el ambiente emotivo y alegre provocaba que mi corazón hincha empezara a cambiar el Allez le Bleus por ¡Forza Italia!
En el alargue Buffon le saca el gol del título a Zidane y este último se gana la roja por un cabezaso, pero a estas alturas mi concentración era en los 21 protagonistas y en la chica que estaba a mi lado, la que entreviste y confesó ser hincha de Francia y Zizou, quizá ella soñaba con la misma postal que yo antes del partido, postal que se desvaneció con el penal errado de Trezeguet en la definición desde los doce pasos. El Stadio Italiano estaba mudo, Grosso frente al balón y a un lanzamiento de la gloria. Madie lo dijo, pero todos pensaban en Roberto Baggio el 94 cuando fallo en la misma instancia frente a Brasil y el tetracampeonato quedó en manos de los verdeamahrelos. ¡Tetracampeones! se escuchó nuevemente, peo esta vez en tono peninsular, Grosso acababa de dar el mundial a Italia. Un estallido de júbilo en el salóm, ya todos arriba de las sillas, arbazándose, llorando... Sentía alegría por ellos, tiré al aire el himno de "Mamelo", mientras Yolanda, la joven que hinchaba por Zidane, anonimamente para los 600 hinchas, se iba con algunas lágrimas en sus ojos adolescentes, mientras yo, terminaba mi prime mundial no sentado frente a un sillón, sino que lo finalizaba en una micro con una bandera tricolore en mis manos y escuchando ¡Campioni del Mondo!

Thursday, July 06, 2006

Mi Primer Partido


El año no lo recuerdo, pero creo que puede ser en 1986, o sea, cuando tenía cinco años. La memoria es débil, más aún si me esfuerzo por recordar hace 20 años, pero mi primer partido es inolvidable, un clásico universitario. Es cierto, hubiera preferido un partido de Colo-Colo, pero creo que mi madre, eligió bien. No tan bien eso sí, fue su elección para la compra de entradas, ante mi evidente aburrimiento en la interminable fila, y las amenazas del chirrido: "¡mamá estoy aburrido!", aceptó la ayuda de un gentil hombre que le dijo: "señora, yo le compro las entradas, usted espere aquí", por cierto ese gentil hombre nunca más volvió y probablemente vió el partido gratis con la colaboración de mi progenitora.De la previa, recuerdo, la mitad del estadio Nacional blanco con celeste y la otra mitad azul.
En el marcador, que todavía no era electrónico, estuvo lo que para mi fue lo mejor, un mono gigante sentado sobre él, y el mono hablaba!! como hizo la producción ni idea, pero era impresionante.
El resultado tampoco lo recuerdo, sólo que ganó la U, equipo del que fui hincha por un sólo día, ya que si ganaba Católica tendría que ir de vacaciones al campo, donde mi abuelo Chamelo, lugar que cuando chico detestaba. Bueno a los albos que podrían acusarme de traidor, les digo, no simplemente ese fue el pecado original, que por suerte corrigió mi papá como cual inquisidor, al romperme la bandera de fondo azul con una "U" roja.
¡Ah! mención aparte merece que junto con ser mi primer partido, conocí el futbolero: ¡por ser así tan especial te cantaremos esta canción, hueóooon hueóoon! eso, cuando un hincha azul entró con su bandera y gorro en la galería norte.
Memoria frágil que me hace olvidar más detalles de mi primera vez, sólo me queda seguir disfrutando esas tres letras que esa noche por primera vez oí y que al juntarse cobrarón un significado mágico que hace vibrar mis sentidos... Gooooooooooool

HispaLab
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