Pelota en la Red

Después de ver el partidazo entre Alemania e Italia, creo que me merezco, para mi débil memoria ir registrando mi vida, mi vida, que desde los cinco años, va acompañada de una pelota, la que a veces fue un envase de yoghurt o a veces fue la de marca que usan en el campeonato. Para quienes sienten el fútbol va este blog con mis memorias peloteras.

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Location: Lo Espejo, Santiago, Chile

Thursday, August 03, 2006

Una paliza fuera de la cancha


En la villa Los Presidentes hubo una época de gloria para el baby fútbol, desde que se inauguró la multicancha frente a mi departamento, hasta que ésta fue usada con fines inmobiliarios (se construyó el Hyatt de la villa). Tuve la suerte de vivir mi infancia teniendo la aslfatada a pasos de mi pieza. Los fines de semana eran de entrenamiento matinal con los dos profes que teníamos, los cuales nos motivaban a dejar la tele y “chutear” la redonda. La rutina comenzaba con cargar los arcos desde la sede hasta el campo de juego. De ahí, venía instalar las redes y luego la parte física, para finalmente tener el premio máximo: jugar. A veces, había trabajo extra, que era barrer la cancha, cosa que sucedía cuando estaba llena de polvo, o con pozas de agua. En ambos casos los cabros del barrio con escoba en mano (sacada a escondidas de nuestras madres) dejábamos a nuestra rectangular en perfectas condiciones.
Cuando se daba la oportunidad jugábamos amistosos contra “Don Mario” que era el profe de nuestros vecinos de la villa Los Alerces. Aunque huelga decirlo, muchas veces preferíamos irnos a probar donde “Don Mario”, ya que eran mejores que nosotros, tenían series y el detalle que finalmente nos seducía: poseía camisetas para sus pupilos, mientras que nosotros no.
Una voz pastosa, gastada por los años, una boina café y un aspecto similar al de Java (el monstruo de la Guerra de las Galaxias) eran las características principales de “Don Mario”, profe que había llevado a varios de sus pupilos a “Canillitas” o a la escuela de Magallanes (detrás del Nacional), pero nada de eso era la principal motivación de jugar por él, sino que vestir una de las tantas hilachentas camisetas de satín celeste. Probarse para quedar en el equipo era gratis, pero usar una de ellas costaba 200 pesos, monedas que generalmente se conseguían después de un berrinche y de no hablarle unas horas a mi mamá “Chela”.
Un día “X” me probé y quedé, ya que por suerte me desempeñé bien ese día como puntero, lo que implicó que fuera citado a la semana siguiente para un amistoso contra un rival que no recuerdo.
Se demoró en pasar esa semana, hasta que llegó el día “D” en mi incipiente carrera donde “Don Mario”. Le aviso a mi mamá “Chela” que iba a jugar a la pelota, aunque omití detalles como el que llegaría al oscurecer, que tenía que cruzar la calle rumbo a “Los Alerces” (¡cruzar la calle! Totalmente vetado a mis 10 años). En el amistoso me desempeñé bien, lo que me hizo volver contento a anunciar mi gesta deportiva, pero… faltando un par de cuadras para llegar al departamento diviso a lo lejos a mi papá y a mi mamá, lo que me anunciaba que algo no andaba bien, ya que yo no vivía con ellos y no sabía de la existencia de algo que hiciera que ellos estuvieran juntos por unos minutos. Cuando ya estaba a un par de pasos de ellos se me aclaró el cuento, porque ví a mi padre con la correa en la mano. Resulta que todas las omisiones asustaron a mi mamá “Chela” que se ha aterró al no verme en la villa y ya casi de noche, así que avisó a mis progenitores, los que no me dijeron nada, hasta estar dentro de las cuatro paredes, donde se turnaron para darme unos palmazos que me hicieron llorar como Magdalena, aunque sé que les dolieron más a ellos que a mi, porque fue la única vez que me pegaron. Pero faltaba lo peor: me prohibieron volver a ir donde “Don Mario”, no saqué nada con explicarles, me cortaron las piernas y la posibilidad de volver a usar esa camiseta de satín celeste que me llevaría a “Canillitas”, de ahí Colo-Colo y de ahí a ser futbolista (esos eran mis cálculos de niño), nada de eso conseguí por no especificar detalles en la casa, sin duda que fue mi primera paliza fuera de la cancha.

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